sábado, 12 de noviembre de 2011

Del egoísta latifundio a las saludables reservas forestales – zoológicas


En Latinoamérica el latifundio se ubica dentro de la concepción negativa de la organización social del campo: es inmoral y es la expresión más clara de la avaricia por la tierra. Cuando se entiende la superficie del suelo campestre como la base material primaria fundamental para la producción agraria, pecuaria, con su posterior versión industrial, todo lo cual implica una enorme utilización de mano de obra, una activísima ocupación laboral, el latifundio significa lo opuesto a todo esto por cuanto son inmensas extensiones de tierra ociosas, en manos de coleccionadores de territorios, con una ocupación laboral cero o menos cero, es decir nada.

     Desde el punto de vista social, el latifundio representa, la usurpación más egoísta de la tierra productiva. Desmesuradas extensiones de suelos útil prisionera, por legalismos anacrónicos, de una a dos familias cuando más. Este es el rostro negativo del fenómeno.

     Ahora bien, las tierras sometidas a intensas explotación agrícola producen, a la par de la abundancia alimentaría, un mal inevitable al ambiente natural, porque necesariamente elimina buena parte de la flora originaria – árboles, arbustos, yerbas - , desapareciendo por los mismos, los múltiples habitantes de la fauna silvestre.

     ¿A dónde van, a donde se refugian? Aquí aparece el rostro positivo del latifundio: este ofrece refugio a la fauna silvestre en su huida hacia la vegetación acogedora la cual se conserva en abundancia en su biodiversificación vegetal.

     ¿Cómo se traduciría lo expuesto en estas palabras?

En una proposición ultima:

a) El Estado debe resolver, el problema legal de la propiedad de los latifundios.

b) El Estado, debe proteger esas extensiones de espacios verdes.

c) Declararlos Territorios libres para la vegetación, para sus animales silvestres, para sus aguas. Donde no se permitan los cuatro pecados capitales contra el bosque: la tala, la caza, la quema, la minería.

d) Finalmente ofrecerles estos extensos espacios verdes al humano solo para la contemplación, su estudio, la distracción; explotarlos únicamente mediante excursiones dirigidas, desarrollo de artes como la poesía, pintura, cine, hacer ciencia, en fin actividades que nos permitan crecer como raza, en armonía y respeto con las demás especies que allí habitan. 


Por Lenin Cardozo.

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