lunes, 30 de enero de 2012

Mensaje póstumo de Jacques Cousteau a la humanidad (Parte IV: Las Sagradas Escrituras y El Medio Ambiente)


Jacques Cousteau se preguntaba: ¿Cuántos leen escrituras que alaban la creación de su Dios pero consienten que se dañe?. Los periódicos nos informan diariamente de políticos, presidentes y ayatollahs que de manera regular proclaman que dirigen sus naciones de acuerdo con la palabra de su Dios. Pero ¿cuántos de ellos honran el divino mandamiento de salvaguardas la naturaleza? ¿Cuántos, al contrario, se comportan como Pedro de la pasión, proclamando a grandes voces que creen en Dios pero le niegan cuando surge la oportunidad de proteger el medio ambiente tal como mandan las sagradas escrituras?


Charles Darwin desde un primer momento, fue un racista empedernido y por ello inventó la selección natural, el fuerte se come al débil, una táctica empleada a fondo por los nazis. Cousteau escribe que por desgracia para los Yaganes, Charles Darwin los describió en los años 1830 en los cuadernos de notas de su histórico viaje a bordo del HMS Beagle. Desde entonces los indígenas de la Tierra del Fuego perdieron su anonimato, y con él la calidad de vida. Darwin regresó a su tierra con amenos relatos sobre unos grotescos animales humanos. “Nunca había visto criaturas más miserables”, anotó “atrofiados en su crecimiento, con sus horrendas caras grotescamente ornamentadas con pintura blanca y casi desnudos...con la piel roja sucia y grasienta, el cabello enmarañado, las voces discordantes. Viendo a tales hombres, resulta difícil creer que sean nuestros parientes y vivan en nuestro mismo mundo” Darwin comparó a los Yáganse con los monos y se equivocaba como lo hizo con la selección natural, ya que la teoría de la evolución no es idea de Darwin, sino de Lamark.

De esta forma, años después, los emisarios del mundo culto dispararon a los nativos como si fuesen aves de caza. Infectaron la tribu con sus insidiosas importaciones: la sífilis y el alcoholismo. De los miles de Yáganse que habían recibido a los primeros exploradores con los brazos abiertos, solo sobrevivían veinticuatro. Los exploradores del siglo XX, que habían planeado civilizar a los salvajes, los habían eliminado salvajemente. Y eso se lo debemos a Darwin.


Dicen los monjes budistas que la bajeza del carácter humano viene acompañada de daños al medio ambiente y, en consecuencia, de un descenso de la esperanza de vida. Y al contrario, los budistas afirman que un ambiente protegido produce una sociedad sana e incluso moralmente. Tiene que haber una manera de mejorar la calidad de vida sin necesidad de degradar la vida al mismo tiempo. Estamos malditos, pero no por el destino, sino por nosotros mismos. Nos hemos dejado resignar a la falta de agua limpia, a la falta de recursos, de paisajes incorruptos, no afectados por explotaciones mineras o silvícola.


Por Pedro Pozas Terrados.

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